El reciente viaje de trabajo del canciller Hugo de Zela a los Estados Unidos constituye una señal clara y alentadora para el Perú. Los resultados exceden largamente los obtenidos en una visita protocolar o en una sucesión de reuniones diplomáticas; estamos frente a una agenda que reafirma el lugar que nuestro país ocupa hoy en el escenario hemisférico y las oportunidades que se abren hacia el futuro.
Este esfuerzo cobra especial relevancia en el año simbólico del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Doscientos años de vínculos ininterrumpidos no son una cifra menor en América Latina. Son el reflejo de una relación construida sobre la confianza, el diálogo político y la cooperación sostenida, incluso en contextos internacionales complejos.
Uno de los aspectos más relevantes de esta visita ha sido la consolidación del Perú como socio estratégico confiable de los Estados Unidos. La reciente designación de nuestro país como aliado principal no miembro de la OTAN —una condición reservada a muy pocos países— es el reconocimiento de que compartimos valores, objetivos y una forma responsable de entender la seguridad, la democracia y el desarrollo regional.
En esa misma línea se inscribe el anuncio de avanzar en la construcción de una nueva base naval en el Callao, con el apoyo técnico del Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos. Se trata de una obra de gran envergadura que no solo fortalecerá nuestras capacidades de defensa, sino que elevará nuestros estándares tecnológicos, logísticos y de interoperabilidad. Y, algo sumamente importante, nos abre un canal de cooperación directa en seguridad hemisférica con el hegemón del mundo.
Igualmente relevante es el interés compartido por desarrollar una base aeroespacial en Talara, al norte del país. Apostar por la exploración espacial y la ciencia aplicada es una inversión en conocimiento, innovación y soberanía tecnológica. El Perú tiene condiciones geográficas excepcionales que pueden convertirlo en un actor relevante en esta nueva frontera del desarrollo.
Otro eje central de la agenda ha sido el de los minerales críticos y las tierras raras. El mundo transita hacia una economía cada vez más dependiente de estos insumos, esenciales para la industria tecnológica, la transición energética y la defensa. El Perú no solo es un país minero tradicional; es también un país con enormes reservas aún inexploradas y con un potencial de transformación metalúrgica que debemos desarrollar responsablemente.
Avanzar en memorandos de entendimiento con los Estados Unidos en esta materia significa atraer inversiones, transferencia de tecnología, cooperación técnica y, sobre todo, generar valor agregado. No se trata únicamente de extraer recursos, sino de construir industria, conocimiento y empleo de calidad.
El viaje del canciller de Zela reafirma que el Perú está en una posición privilegiada para profundizar su relación con los Estados Unidos: en seguridad, ciencia, inversión, minería estratégica y gobernanza democrática. Aprovechar esta coyuntura es una oportunidad, pero también es una obligación con el futuro del país.
Si a ello agregamos la excelente decisión del presidente Trump de designar como embajador del Perú a Bernie Navarro, un empresario —no un diplomático de carrera—, tenemos claro el mensaje de que Estados Unidos, para el Perú, es un aliado que se propone fortalecer los lazos de amistad y cooperación que hemos mantenido por 200 años. Porque la diplomacia, cuando se ejerce con visión de largo plazo, se convierte en una verdadera herramienta de desarrollo nacional.
Publicado en Expreso, 11 de febrero de 2025
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